Viaje a Uzbekistán. Mayo 2019
Una mañana de los primeros días de Noviembre del 2018, me pasé por Viajes Eroski en Donosti, con la idea de comprar un regalo para mi amiga Carmen San Martín.
Habíamos estado en su casa, pasando unos días, vive en un pueblecito de Navarra, donde nace el Urederra, en las faldas de Urbasa, y nos había tratado tan bien que me apeteció hacerle un detalle y con esa idea fui a la Agencia de Viajes.
Mientras estaba esperando a que me atendieran, vi que había una pancarta muy grande que ponía Uzbekistán y cuando me llegó el turno pregunté a la persona que me atendió, que significaba aquella pancarta tan grande, pues me llamó mucho la atención.
Rápidamente, me explicó, que era un viaje precioso por la Ruta de la Seda.
Ella me estuvo explicando el recorrido, pero lo único que me resultaba conocido era Samarkanda que me recordaba a los relatos de las Mil y una noches.
Mientras le escuchaba yo me estaba ya transportando a esos lugares que me parecían mágicos.
Me dijo que estaban preparando un viaje para Mayo del 2019 y no había ya demasiadas plazas, pues estaban pensando en un grupo de no más de 20 personas.
Le comenté a la persona que me atendió que ese mismo día le diría si estaba interesada o no.
Cuando llegué a casa y se lo dije a Juan Mari, le gustó la idea.
Y esa misma tarde, le confirmé a la agencia
que nos apuntábamos a la aventura.
Solo nos quedaba esperar…
Tashkent
Salimos del aeropuerto de Bilbao a la tarde y tras hacer escala en Estambul, llegamos a Tashkent, la capital de Uzbekistán, a las 6 de la mañana del día 16 con un cansancio importante después de tantas horas de vuelo.
Desayunamos y ya empezamos el tour.
Visitamos la parte antigua de la ciudad y las madrasas de Kukaldosh y Abdulkasim.
Todas las madrasas son muy parecidas, aunque de eso me di cuenta más tarde.
Estas primeras me sorprendieron muchísimo y estuve encantada visitándolas.
Por la tarde visitamos el mercado oriental Chorsu y un estudio de Cerámica Rakhimov´s.
En el estudio de Cerámica en el que estaban trabajando con cada pieza, muchas personas.
Me maravilló la precisión y la destreza con la que trabajaban la cerámica y la luz y los dibujos con un gran colorido.
Compré una pieza, un jarrón que luego lo tuve que acarrear durante todo el viaje, con el miedo de que se me rompiera.
Los organizadores no estuvieron muy espabilados poniendo la posibilidad de este tipo de compras el primer día del viaje.
Terminamos pronto, pues todos estábamos deseando de llegar al hotel para descansar,, después de que llevábamos un día y una noche de viaje.
Al día siguiente, seguimos visitando Tashkent.
Por la mañana el museo de Amir Temur,
aunque no me acuerdo mucho de lo que vimos.
Por la tarde, visita al Metro y la Plaza de la Independencia.
El metro me sorprendió mucho, era muy soviético, en cuanto a estructura, pero tenía también una elegancia, en cuanto al colorido de los mosaicos.
Desde el momento que comenzamos el viaje, hubo una persona que me llamó mucho la atención, por su gran energía y su buen humor.
Se llamaba Mari Cruz, era una persona que vivía en Donosti, aunque era de origen navarro, tenía ya sus 70 y tantos, pero era la que más ruido sacaba y amenizaba a todo el grupo.
No he vuelto a verla por Donosti, aunque vivimos las dos en la misma ciudad.
Al día siguiente nos trasladamos a Khiva.
Como las distancias son tan grandes, llegamos para la hora de la cena.
Khiva
Al día siguiente nos trasladamos a Khiva.
Como las distancias son tan grandes, llegamos para la hora de la cena.
Nos dio tiempo para ver el casco antiguo de Khiva,
que es impresionante y durante la noche es más mágico aún.
Está el complejo arquitectónico, madrasas y mausoleos. No vi casas donde viviese la gente, solamente estaba este complejo, preparado para turistas.
También hay que decir que no se permitía a los turistas entrar en las madrasas donde estaban impartiendo clases.
Bukhara
De Khiva nos trasladamos a Bukhara,
En Bukhara hicimos algunas compras mientras visitábamos las Madrasas y las Mezquitas.
Alrededor de los monumentos más importantes había todo un mercadillo de productos típicos de la zona. Muchos de ellos trabajados a mano.
Allí me compré un mantel y un abriguito de verano que me gustó mucho, todo esto con un regateo importante, pues allí lo raro es que el primer precio que te piden sea el que vayas a pagar.
Está el complejo arquitectónico, madrasas y mausoleos. No vi casas donde viviese la gente, solamente estaba este complejo, preparado para turistas.
También hay que decir que no se permitía a los turistas entrar en las madrasas donde estaban impartiendo clases.
Samarkanda
De Bukhara fuímos a Samarkanda, que es la ciudad natal del Tamerlán, último de los grandes conquistadores nómadas del Asia Central.
En Samarkanda visitamos una fábrica de tapices hechos a mano, preciosos y compramos uno para ponerlo en la pared de nuestra sala.
Plaza de Registan, en Samarkanda.
Aquí realmente disfruté muchísimo de esta plaza que era como reunir lo mejor que habíamos visto en cada ciudad y trasladarlo a esta plaza.
Después fuimos a cenar a un restaurante que tenía una pista de baile en medio.
Había un show con tres bailarinas que lo hacían estupendamente y cuando terminaron su actuación, nos invitaron a los comensales a participar en el baile.
Juan Mari y yo habíamos empezado en clases de baile clásico y estábamos muy animados para poner en práctica lo que habíamos aprendido.
Juan Mari salió el primero a la pista y recibió una gran ovación de parte de todo el grupo y también de las bailarinas, que estaban alucinadas.
La música que nos pusieron era música uzbeka que nada tenía que ver con los movimientos de baile clásico que habíamos aprendido.
Lo gracioso fue ver a Juan Mari moviéndose a “su ritmo” pero muy divertido y muy orgulloso de haber salido a la mitad de la pista.
En cuanto le vi actuar salté también yo a la pista y luego nos siguieron algunos más del grupo.
Nuestra amiga Mari Cruz, que para entonces ya se había hecho muy amiga nuestra, nos felicitó muy efusivamente por habernos atrevido a romper el hielo del grupo, que según ella, eran todos unos “muermos”
El último día de viaje fuimos al Observatorio de Ulughbek en Samarkanda por la mañana.
A la tarde, estación de tren, muy austera, muy moscovita, desde allí cogeremos el tren para Tashkent.
Gastronomía
La gastronomía local, bueno lo que pudimos degustar, no fue nada del otro mundo.
En realidad, el tipo de comida que tuvimos ocasión de degustar durante todo el viaje, no nos llamó mucho la atención. Considerando el precio ajustado del viaje, lo pudimos entender…
El menú era muy repetitivo, siempre el correspondiente arroz y cordero, principalmente.
Un día, cansados ya de comer siempre lo mismo, decidimos hacer una fechoría, jajaja
Escaparnos del grupo y de la cena planificada.
El mercado era muy grande y dentro había hornos de pan, pero eran muy distintos a los hornos que conocemos, tenían forma de embudo, y según se iba moviendo el embudo, se iba haciendo el pan con movimientos de media luna.
El Arroz Plov es un plato muy tradicional y que lo cocinan con ingredientes muy variados y ese fue el plato que más se repitió en nuestro menú durante toda la estancia en Uzbekistán.
Buscando el cambio, la novedad que no veíamos en nuestra estructurada agenda
Esa noche, sin dar demasiadas explicaciones a nadie, salimos a la búsqueda de algún restaurante donde pudiéramos comer lo que nos apeteciera.
La cena nos pareció estupenda, fuera de lo que habíamos comido hasta ese momento.
Fue una idea excelente que, luego, algunos otros compañeros de viaje la imitaron.
El plato que degustamos fue un estupendo Laghman, que es una sopa de fideo que lleva vegetales y carne. Era la especialidad del restaurante a donde fuimos a cenar.