Amor
Mi primer amor
Pues la verdad es que no tengo mucho que contar, pues fue un amor platónico.
Es decir, que solo estaba en mi cabeza.
Aunque solo por verle o estar cerca de él, ya me hacía mis fantasías.
Ese amor de adolescente donde todo gira alrededor de esa persona. Si me mira, si hace un gesto que yo interpreto como…
Como amor de adolescencia idealicé a esa persona y la idolatraba, todo en él era perfecto y por eso el deseo de estar cerca de él ya era para mí como sentirme en el paraíso, todo chiribitas, el estómago hecho un nudo.
Nunca lo olvidaré, ¡porque fue tal la fantasía y la magia que creó en mí! ¡Los fuegos artificiales que surgían si le veía!
¡Las ganas de verle hacían que llegase a hacer cosas muy extrañas!
¡Comprar una entrada para ver una película que en absoluto me gustaba, pero como él iba a estar allí…!
¡Cuando veía que estaba con mi primo, me acercaba a mi primo, con todo el descaro y con cualquier excusa entraba en la conversación!
¡Si me miraba, esa sensación era tan desconocida hasta entonces para mí que me quedaba impactada!
Merodeaba su casa, su calle, para verle, para hacerme la encontradiza, simplemente por una mirada, un saludo…. Pero eso era tanto tanto para mí.
Estaba estudiando con un primo mío, los dos iban para curas.
Yo intentaba estar con mi primo siempre que podía para así sentirme más cerca de él y poder así tener información sobre sus costumbres, lo que le gustaba, por donde le podía ver
Estaba claro que esto no iba a llegar a buen puerto, pero me lo pasaba muy bien imaginándome que él también estaba por mis huesitos.
Mis Primeros Ligues
Mi primer trabajo fue para mí una bomba a nivel romántico, pues nunca antes me había sentido así.
El darme cuenta de que gustaba a mis compañeros de trabajo, que creaba interés en ellos, fue toda una novedad.
Eso me parecía ciencia-ficción, porque la verdad es que habían sido contadas las ocasiones en las que me había sentido admirada por los hombres.
Me había sentido como el patito feo en muchas ocasiones y ahora me había convertido en un cisne.
Y quizás fue porque me sentía con mucha libertad, y apertura por haber salido de mi entorno familiar, libre de las ataduras del clan familiar, de mi pueblo.
Cada uno de estos ligues me mostró su amor de maneras distintas.
Algunos me llamaban desde la misma oficina, de un extremo al otro y yo les veía, era muy divertido y halagador para mí.
Otro que trabajaba a 2 metros de mí, también utilizó el teléfono para hacerlo.
Ahhh!! Ya sé por qué utilizaban el teléfono, porque yo estaba en la centralita y sabían seguro que cogería el teléfono.
Otro de mis ligues era montañero y salía a hacer travesías con él y un día llegó a aparecer en mi casa y le vi familiarizándose mucho con mis padres…. entonces me di cuenta de sus intenciones y no quise que la situación fuese a más.
Yo realmente no tenía ningún interés en otro tipo de relación con él, más que la de amistad.
Y así se lo dije: Mira para las salidas montañeras, me encanta tu compañía y me lo paso muy bien, pero no quiero nada más.
Él se quedó muy triste, tampoco me demostró nada especial y hasta ahí llegó nuestra aventura.
Un amor distinto
Cuando llegué a mi segundo trabajo, llegué muy muy ilusionada.
Era el trabajo que había deseado, perteneciendo a un grupo, colaborando con gente…
Hasta entonces había trabajado prácticamente sola y la idea de tener un espacio para mí dentro de un equipo me ilusionaba mucho.
La verdad es que estaba entusiasmada y al mismo tiempo muy perdida. Todo era nuevo para mí, el trabajo, la gente y la verdad es que al principio me costó bastante encontrar mi hueco.
La persona que me facilitó las cosas, y que me ayudó a integrarme, se convirtió en un gran amigo para mí.
Mi gran amigo para las juergas que organizábamos con los compañeros, el hombro sobre el que lloraba mis penas y me animaba a seguir adelante.
Eso era lo que yo creía... ¡Que era solo un buen amigo!
Pero él estaba enamorado de mí y así me lo hizo saber un poco antes de irse a la mili.
La verdad es que me cogió por sorpresa y en aquel momento le dije que lo tenía que pensar.
Al poco tiempo de que se fuera a la mili, y sin la presión de verle todos los días, me quedó claro que yo no quería lo mismo que él.
Y ni corta ni perezosa y considerando que era lo mejor para los dos, le escribí una carta dándole la noticia.
No recibí ninguna respuesta a esa carta. Yo supongo que no se lo esperaba.
Cuando volvió de la mili, quedamos un día y me dijo que la noticia no podía haberle llegado en peor momento.
Pero para entonces yo ya salía con otro…
Hasta que llegó Juan Mari
El Cortejo
Conocí a Juan Mari en mi primer trabajo.
La primera vez que lo vi no me llamó mucho la atención. Sí me pareció bastante atractivo, pero hasta ahí.
Luego me percaté de que iba en el mismo autobús que yo y ni corta ni perezosa me senté al lado de él y empecé a hablarle como si le conociese de toda la vida.
Lo que más me sorprendió de todo es que él no decía ni mu.
Y pensé: “Qué serio» ¡Pero si no dice nada!
¡Y me hizo mucha gracia!
Bueno, hay que reconocer que mi padre era super expresivo y muy sociable. Por lo que yo estaba acostumbrada a unas relaciones mucho más abiertas, con una mayor comunicación…
Me dio curiosidad conocer a alguien tan distinto a mí.
¿A este qué le pasa? -fue la pregunta que me hice.
Hacíamos el viaje de Bergara a Mondragón todos los días en el mismo bus pues trabajábamos en oficinas cercanas.
Yo le daba conversación y él no decía ni mu. Pero a mí no me importaba.
Yo hablaba y hablaba… y me sentía a gusto con él.
Cuando llegábamos al trabajo, nos despedíamos. “Adiós, hasta mañana”
Y al día siguiente, lo mismo.
Luego, luego me enteré de que él estaba investigando sobre mí.
Vamos, como Sherlock Holmes.
“¿Y ésta de donde viene? ¿Quién es? …”
Yo creo que en cuanto ya tuvo toda la información, me empezó a invitar a cenar, ¡toda una estrategia!
Y yo como siempre me ha gustado comer bien, pues encantada.
Hasta que llegó un día, un 13 de diciembre, día de Santa Lucía.
Habíamos terminado de cenar y entonces, él me propuso salir en serio.
Pero yo le dije que era muy joven todavía y que no tenía ninguna intención de tener una relación seria. Quería seguir disfrutando de hacer lo que me apetecía…
Y fue muy gracioso, porque después de mi negativa, me acompañó a casa.
Habíamos jugado a la tómbola y nos había tocado una ensaladera y yo voy y cuando me deja en casa le digo:
-¿Qué hago con la ensaladera?
-Haces lo que te da la gana -contestó muy muy cabreado.
Me bajé del coche, un 850 que le había tocado en una rifa, y se marchó.
Yo pensaba que ahí se había terminado el asunto, pero…
… De allí a algunos días me llamó para disculparse y me dijo estas palabras:
“Después de la tempestad viene la calma”
1ª Etapa de novios
Después de que yo le rechazase, pasó un tiempo antes de que volviésemos a hablar.
Pero, la verdad es que yo me acordaba mucho de él y decidí llamarle un día….
Y fui muy directa. Me atreví ¿Aquella propuesta que me hiciste sigue en pie?
Él se quedó de piedra, pero me contestó que si y entonces fui yo la que le propuso quedar un día para hablar.
Bueno pues el encantadísimo.
Y ese fue el comienzo de nuestro noviazgo ya formal o ya por lo menos admitido por mí y además propuesto por mí
Entonces Juan Mari tuvo que tomar una decisión
En aquel momento era concejal del Ayuntamiento y metía muchísimas horas allí. Era el primer ayuntamiento democrático, los que querían cambiar aquella situación en la que vivíamos.
Estamos hablando del año 1976-77, años en los que ETA estaba en su apogeo y él estaba muy involucrado en las negociaciones para buscar soluciones.
Entonces le dije, o dejas el ayuntamiento o me dejas a mí porque yo no estoy dispuesta a compartirte.
Esto tengo que explicarlo. El caso es que el estaba tan involucrado en las negociaciones y eso le afectaba a él y a nuestra incipiente relación.
Cada vez que venía de una de estas reuniones, venía con la cara llena de granos y con una mirada triste y con pocas ganas de hablar, y si de normal no hablaba mucho, pues… yo me dirigía a una pared.,
Realmente, fue sorprendente la claridad que tuve en aquel momento cuando se lo dije.
Y dejó el ayuntamiento.
Lo que yo quería era comenzar un noviazgo comprometido en conocerle y no en verle de vez en cuando.
Y vaya si lo conseguí. Porque de ahí a unos meses se casó su prima y quiso que fuera a la boda para presentarme a toda su familia.
Y yo, tranquilamente, con mis mejores galas, me presenté tan pichi.
No conocía a nadie y la primera sorpresa fue cuando me presentó a una señora mayor, con cara de malas pulgas que me miro por encima del hombro, o esa era la impresión que me dio a mí.
Y entonces le dijo a Juan Mari:
-Bueno, ya era hora, pero ha merecido la pena…
Entonces me quedé en shock porque me pareció tan desagradable que me sentí como que tenía que pasar una prueba de mi valía.
Juan Mari la disculpó diciendo que bueno, era así y punto.
Fue el único incidente que recuerdo como salido de tono, diría yo, el resto de la boda y de la gente que conocí eran muy majos y me divertí muchísimo.
Juan Mari tenía mucha prisa para casarse
Fíjate que empezamos nuestro noviazgo formal (por decirlo de alguna manera) el año 1977 y ya el 1978 estaba pensando en que nos casásemos ya.
A finales del 78 me comentó como su hermano se casaba en Febrero del 1979 y que podíamos aprovechar para hacer la boda juntos.
Yo le dije que ni pensar
Yo quería tener mi boda y no quería que fuese compartida.
Además, que no tenía yo tanta prisa por casarme… jejeje
pero Juan Mari, que es muy estratega, aprovechó la coyuntura para enredarme en sus redes…
Después de haber insistido en que no quería una boda doble, él me dijo:
Ok. Entonces, nos casamos nosotros solos, ¿pero cuándo?
Él ya sabía que a mí me encantaba viajar, ya habíamos hablado mucho de qué tipo de viajes nos gustaría hacer juntos… pero por mi parte, eran todo imaginaciones de futuro.
Sin embargo, él, por su parte, ya había estado mirando viajes y tenía las cosas bastante bien preparadas.
Así que, me lo puso encima de la mesa.
La verdad es que me tentó con un viaje alrededor del mundo
Y me soltó que un viaje alrededor del mundo aprovechando el mes de Agosto podría estar bien.
Había que coger los billetes y para eso era necesario poner la fecha de la boda.
Y la fecha fue el 30 de Julio, el día que cogíamos las vacaciones, aunque yo si me cogí unos días antes para preparar la boda.
Nos casamos en Loyola y yo les invité todos mis primos que vinieron encantados, para la mayoría de ellos era su primera boda, pues yo soy una de las primas mayores y las otras primas que se casaron antes, no invitaron a primos.
A Juan Mari le resultó muy pesado el asunto de las fotos, el tener que posar, estaba un poco cabreado, pero no era momento para demostrarlo.
Yo, sin embargo, me lo pasé fenomenal
posando con familia y amigos
El ambiente fue estupendo, había mucha gente joven y eso le dio mucha vida, a pesar de que el tiempo no nos acompañó mucho, salvo a la hora de las fotos que no nos llovió.