Mi Aventura Laboral
El viaje de estudios y la prueba de selección
Cuando terminé el Bachiller Administrativo hice un viaje de estudios con mis compañeras.
Nos fuimos a Palma de Mallorca e Ibiza.
Era gracioso, porque lo único que tenía para poder llamarse «de estudios» era que íbamos con el profesor de Contabilidad y su mujer.
Supuestamente «cuidaban de nosotras», jajaja.
Creo que ninguno de los dos olvidarán este viaje, pues nos metimos en todos los líos posibles.
Para la mayoría de nosotras era la primera vez que salíamos de casa. ¡Vaya desmadre!
Volví encantada del viaje y deseando seguir disfrutando del verano.
Pero al llegar a casa Bum! Me choqué con la realidad.
Me llegó una carta "oficial". De hecho nos llegó a todas las compañeras de clase
Era del Grupo Mondragón.
Era una convocatoria para realizar unas pruebas para acceder a diferentes puestos de trabajo en varias empresas del Grupo.
Yo estaba alucinada.
¿Cómo que me vienen a buscar a casa?
Ni siquiera me ha dado tiempo a aterrizar…
No tanto por el viaje.
Sino porque no tenía ni idea de lo que quería hacer con mi vida.
Yo quería disfrutar un poco más de no hacer nada
Pero bueno, al final dije que sí.
Sobre todo porque quería ver de nuevo a mis colegas.
Al final llegó el día de la prueba y nos encontramos allí las 13 compañeras de clase.
Estuvimos todo el día realizando diferentes tipos de test psico-técnicos y pruebas de idiomas.
Acabé agotada pero muy satisfecha.
A la semana me llamaron por teléfono para decirme que me habían seleccionado y que tenía que volver para hacer una entrevista personal.
Aunque me alegré de que me hubieran llamado, algo dentro de mí me decía que no estaba siendo yo la que decidía.
Todo era muy precipitado y no me estaba dando tiempo a asimilarlo.
Los primeros peldaños hacia la libertad
Cuando empecé a trabajar a mis 18 añitos y cobré mi primer sueldo…..
Estaba eufórica, me sentía la persona más afortunada del mundo.
¡¡Era libre..!!
Por fín había dejado de ser, la hija de, la nieta de…..
Estaba fuera de mi entorno familiar y social conocido.
Y eso me daba una sensación de libertad…
¡Algo con lo que había soñado toda mi vida se hacía realidad al fin!
En cuanto al puesto de trabajo también tuve la oportunidad de elegir.
La 1ª propuesta fue trabajar en un pool de secretarias, escribiendo informes todo el día.
Esta propuesta no me agradó en absoluto y además terminaba el día con un tremendo dolor de espalda.
La 2ª propuesta fue la de trabajar en recepción, atendía el teléfono, las visitas, el fax.
Aquí si, desde un principio lo ví claro. El contacto con la gente me molaba mucho más.
Además tenía una compañera de trabajo con la que me lo pasaba muy bien.
Todo parecía ir sobre ruedas hasta que un día el psicólogo de la empresa me llamó a su despacho...
Entonces si que me entró el cangelo de verdad!!.
Su pregunta directa fué. ¿Te has enterado donde estás?
Glubbb, me quedé petrificada.
La respuesta me la dió el mismo.
Me dijo que actuaba como si estuviese cogiendo el teléfono de mi casa y que eso no podía ser así.
Nadie me había dicho cuales eran las pautas, qué tenía que decir ó como tenía que decirlo.
Pero de mi boca no salió ni una sola palabra, estaba tan asustada…..
Una vez que se me pasó el susto, afortunadamente no me echaron y seguí en ese puesto dos años más y realmente este tiempo fue "mi bautismo laboral"
Enfrentándome a la autoridad
En el primer trabajo que tuve, tenía una compañera con la que me arreglaba muy bien.
Y resulta que al de un tiempo le ofrecieron «un puestazo».
Y por supuesto aceptó.
Total que yo me quedé sola realizando todo lo que hacíamos entre las dos
Entonces comencé a meter muchas horas, pues con el horario de trabajo que tenía no llegaba a cumplir con todo.
Hay que tener en cuenta que mi trabajo no podía esperar al día siguiente.
Las llamadas había que atenderlas al momento, así como las visitas.
Y una vez terminada mi jornada laboral, empezaba mi otro trabajo.
Enviar todos los faxes que se me habían acumulado durante el día.
Había días en los que acababa a las 22,00h.
y muchas veces por la mañana cogía el autobús de las 6 de la mañana.
Este trajín, día tras día, empezó a cargarme muchísimo. Estaba agotada!!
En mi casa me veían tan mal que recuerdo que mi abuelo me dijo:
No hace falta que lo pases tan mal, en casa también ya hay trabajo.
Teníamos un comercio grande entonces, pero yo no quería trabajar en casa, yo quería salir……
Así pasó un tiempo, que se me hizo eterno, hasta que me decidí a ir a hablar con el Director General.
Retrasé el momento todo lo que pude, ya que era una persona muy seria, autoritaria y que no se andaba con rodeos.
Es decir, que me daba terror.
Cuando le expliqué como me encontraba y que ya no podía atender sola mi puesto de trabajo, me miró sonrió y me dijo… te estaba esperando. Lo has hecho muy bien, desde mañana tendrás una persona que te ayude.
Yo me alegré mucho por mí, por haberme atrevido a presentarme ante él, pero al mismo tiempo sentí mucha rabia e impotencia, porque pensé, este cabrón si no llego a venir, me mantiene hasta que me derrita.
En aquel momento no fui consciente del regalazo que supuso este atrevimiento
Un nuevo reto
Llevaba ya 2 años en mi 1º trabajo cuando sentí que tenía que hacer un cambio.
Estaba muy acomodada en mi trabajo, ya lo dominaba, me resultaba fácil y muy aburrido.
Resumiendo, no me veía ahí trabajando el resto de mi vida, ya me entiendes.
Llevaba tiempo pensando en un cambio de trabajo. De vez en cuando miraba el tablón de anuncios pero no veía nada que me gustase
Durante el tiempo que estuve trabajando en esta empresa, tenía relación con mucha gente y entablé amistad con el Director de personal de otra empresa de la Corporación.
Una de las veces que vino a la empresa, me comentó que se iba a quedar vacante el puesto de Secretaria de Exportación.
Y me lo ofreció.
Este nuevo puesto era un reto para mí
La empresa comenzaba a expandirse y a tener delegaciones en Francia, Inglaterra y Alemania.
Esto suponía que practicaría idiomas.
Fenomenal!! Porque siempre me han encantado los idiomas.
Todo parecía muy prometedor!!
Así que, sin pensármelo mucho rápidamente le dije que sí.
¡Aquí estaba mi oportunidad!
La cosa fue rapidita.
Al de un mes ya estaba en mi nuevo puesto de trabajo
La despedida de este trabajo no fue la que esperaba.
Ese último mes en el trabajo fue un poco duro.
De repente, algunas compañeras me dejaron de hablar.
Luego me enteré que decían de mi, a mis espaldas que era una enchufada y que me habían regalado el puesto.
Quizás mis ex-compañeras tuvieran razón. No lo sé.
Y fíjate que casualidad que cuando yo me marché de esa empresa, entró a trabajar el que sería mi marido
Parecía que nos estábamos esquivando, jajaja
Pero esta es otra historia que contaré en otro momento.
Ya en el nuevo trabajo…
Pronto me dí cuenta de los escollos que tendría que vencer.
El pertenecer a un grupo, en este caso al Dpto. Comercial con otras 6 personas era algo que me ilusionó desde el principio
El conectarme al grupo y el ser una pieza más en el engranaje no me resultó fácil.
El cómo hiciera yo mi trabajo era fundamental para que otras personas tuvieran más ó menos dificultades para ejecutar el suyo.
Y así me lo hicieron saber.
¡Estás haciendo que trabajemos más que antes!
Fueron momentos de mucha tensión para mí
La ayuda llegó, en este caso por medio de un compañero de otro departamento.