Mi Historia

Mis ancestros

Mis padres y mis abuelos tanto paternos como maternos eran todos del mismo pueblo. De Placencia, Soraluze. 

Placencia, es un pequeño pueblo dedicado a las armas y a los tornillos. Casi debajo de cada casa, existía hace no muchos años una tornillería.

Yo viví con mis abuelos maternos hasta que me casé y fui a vivir a Bergara. 

La relación que yo tenía con cada uno de ellos no podía ser más distinta. 

Con mi abuela materna había mucha tensión, era siempre muy desvalorizante, no veía nada bueno en mí, por lo menos no me lo expresaba.

Con mi abuelo; sin embargo, era todo lo contrario. Me protegía, me valoraba, me demostraba su cariño.

Justo eran las dos caras de una misma moneda

La experiencia de vivir con mis abuelos maternos ha sido muy importante para mí durante muchos años de mi vida.

Con respecto a mis abuelos paternos, la relación era muy distinta.

A mi abuelo paterno, le recuerdo con un aire muy cansado. Era muy fumador y tenía problemas de bronquios, debido a ello y también a que estuvo varios años en la cárcel durante la guerra civil. 

Siempre era muy cariñoso y amable, y me gustaba juntarme con él en la calle porque siempre tenía azucarillos en los bolsillos y ese solía ser su regalo cuando le veía.

Recuerdo una anécdota muy bonita con mi abuela paterna

Durante un verano, tendría yo 11 o 12 años, mi abuela me llevó unos días, junto con una prima, a casa de su hermano en Zumaia. Mi prima era 6 o 7 años menor que yo.

Todas las noches preparábamos sesiones de teatro, baile, canciones, nos disfrazábamos y en la terraza, se colocaban mi abuela junto con su hermano y su mujer y lo pasábamos muy bien. 

Aunque no teníamos demasiada relación, con mi abuela paterna me ocurría algo semejante a lo que me pasaba con mi abuela materna. Cada vez que nos veíamos lo único que escuchaba de ella era una pregunta que me repateaba.

¿Mejorau ein zara, ezta? Lo que yo escuchaba era, ¡has vuelto a engordar verdad!

Para mí eso suponía un insulto. 

Ya tenía yo bastantes complejos de que estaba gorda y que ella me lo recalcase cada vez que nos veíamos, me sabía a cuerno quemao.

Supongo que su intención era la mejor, pero a mí no me gustaba en absoluto. !

Mis primeros 4 años

Mis primeros 4 años fueron gloriosos, era la reina de mi casa.

Era la primera hija y la primera nieta.

Es decir, todo giraba a mi alrededor.

Aprendí a hablar antes que a andar.

Me gustaba estar en la tienda que tenían mis padres.

Hablaba con todas las personas que entraban.

Hasta que llegó mi hermano y …

Mi primera compañera y amiga

Mi niñez (5-12 años)

Llegó mi hermano y me sentí destronada.

Mi hermano tuvo un problema de salud y se convirtió en la prioridad de la casa.

Al año de haber nacido mi hermano, me enviaron a una Colonia de Verano durante un mes.

Solamente tenía 5 años y me sentí abandonada.

Desde mi mentalidad de niña estaba convencida de que ya no me querían.

En 30 días no fueron capaces de venir a verme, ¡ni una sola vez!

¿Qué podía hacer para recuperar el amor de mis padres?

Pensé que si hacía todo lo que me decían, volvería a tener su atención.

Y eso fue lo que hice.

Siempre he vivido con mis abuelos maternos, además de con mis padres.

Mi abuela materna se ocupaba de desvalorizarme exageradamente, 

para poder así sobrevalorar a mi hermano, porque le recordaba a su hijo.

Llegué a creerme que tenía que demostrar mi valía para ser aceptada en mi propia familia. 

Hasta los 14 años no salí apenas de mi pueblo y en esos años no me sentí muy afortunada.  

Al empezar la adolescencia, los complejos se multiplicaron.

Parecía que nunca acertaba y que siempre había algo en mí que fallaba.

Por una parte, era el físico, (no me parecía a la familia de mi madre) pues yo me parecía más a la familia de mi padre y como vivíamos en la casa de mis abuelos maternos, éramos los dos extraños.

Y cuando no era el físico, era mi falta de habilidades.

Siempre había algo que criticar. 

Así me lo hacía ver mi abuela y ella tenía un gran poder de manipulación.

Llegué a creerme todo lo que ella me contaba y esto ha tenido consecuencias durante toda mi vida, hasta digamos hace 3-4 años.

Cuando tenía 12 años llegó mi hermana.

Uauuu qué emoción, ¡¡iba a tener una aliada!!

Adoraba a mi hermana y la cuidé durante sus primeros 5 años.

Tanto mi hermano como yo, tuvimos siempre niñeras, pero en el caso de mi hermana, no fue así. 

Yo fui su niñera.

Nuevamente queriendo demostrar que yo podía hacer algo bien.

Mi adolescencia (14-18 años)

Las monjas de la Compañía de María en Bergara

Cuando terminé el Bachiller (14-15) fui a Bergara para seguir con el Bachillerato Superior, que entonces le llamaban Bachiller Laboral, puesto que te preparaba para, finalizados los 2 años y la reválida, poder trabajar en una empresa o si se terciara, poder seguir a la universidad.

Fueron dos años gloriosos para mí. Allí conocí a amigas con las que todavía hoy tengo relación.

Mi primer trabajo (18-24 años)

Mi primera visita al Mundo Cooperativo

Después de realizar el viaje de fin de curso, con 18 años, tenía una carta en casa en la que me invitaban a presentarme en la sede central de las Cooperativas en Mondragón porque hacía falta personal para trabajar en oficina.

Esta invitación fue para toda la clase y todas nos presentamos allí. De las 18 que nos presentamos nos cogieron a 10. Fue algo tan repentino que casi sin enterarme estaba ya a mis 18 añitos trabajando en Ularco, 1º en el pool de secretarias y luego como telefonista, recepcionista. Allí estuve durante 3 años. Hasta Enero del año 1976.

En Enero 1976 me incorporé a otra cooperativa, Ederlan y allí trabajé en Exportación y como Secretaria de Dirección hasta el año 1992.

Nacimiento de mis hijos (24-41)años

24/XII/1980 Nace mi primer hijo, Iosu

Con 25 años, tuve a mi hijo Iosu, que nació el día de Nochebuena. Siempre fue un niño muy sensible y yo no estaba preparada en aquel momento para poder atender su gran sensibilidad. 

Desde muy pequeño era muy diferente, no protestaba, estaba en su mundo, era muy cariñoso, pero yo sabía que había una sed en el que yo no podía saciar.

14/II/1982 Nace Markel, mi segundo hijo

El 14/II/1982 nació mi segundo hijo Markel, a los 14 meses de haber tenido el primero, nació Markel, mi segundo hijo, era muy diferente de Iosu. Le gustaba pelear y era muy echado para adelante. Pero a los 16 años cambió y se fue haciendo cada vez más reservado.

Esto coincidió con un accidente de tráfico familiar, estábamos los cinco en el coche. Ocurrió el 13 de Agosto de 1998  y fue bastante grave. Markel estuvo en la UVI en Lisboa y luego fue trasladado a Donosti en un helicóptero medicalizado, pues tenía afectadas las cervicales y no se atrevían a moverlo.

Este accidente ahora lo entiendo como un meneo que nos dio el Universo para que despertásemos del gran letargo en el que nos encontrábamos todos nosotros.

El único que salió ileso fue Julen que entonces tenía 6 años y estuvo cuidándonos a todos en Lisboa. Iba de habitación en habitación para ver si necesitábamos algo. Se portó como un adulto. Fue impresionante.

Tras 10 años y después de tener a mis dos hijos ya criaditos. Tenían 10 y 11 años entonces. Yo tenía ya 37 años. Decidí ser madre de nuevo, esta vez queriendo hacerlo mucho mejor, pues me encontraba más preparada para ello y tenía la sensación de no haberlo hecho demasiado bien con los 2 mayores.

8/V/1992 Nace Julen, mi tercer hijo

El nacimiento de Julen fue una gran alegría para mí. Era un gran regalo que me hacía el universo por la evolución que estaba teniendo en mi desarrollo personal.

Me centré mucho en él. Cogí un año de excedencia, algo que no me había planteado en ninguno de los dos casos anteriores. 

Todo me resultó más sencillo, había madurado, ya tenía 37 años y alguna experiencia de ser madre.

Julen era bastante introvertido y le gustaba mucho jugar solo, quizás para no enfrentarse a otros chavales. 

Esto lo consideré y Julen realizó una terapia de abrirse a los demás que le ayudó muchísimo.

La enfermedad de mi madre

A los 60 años le diagnosticaron Alzheimer. Fue un diagnóstico terrible. Acababa de nacer mi tercer hijo el año 1992 y yo empecé a notar un comportamiento extraño en ella. Venía a verme todos los días dejando sus ocupaciones en el comercio que tenía en Soraluze. Ella me decía que había trabajado mucho y que ya no quería hacerlo. Yo le veía bastante nerviosa y empecé a indagar. Entonces me percaté de sus compras compulsivas y de otros trastornos, por ejemplo en su aseo personal, en la preparación de la comida, todo era distinto. ¡Pero era muy joven todavía!!

Para conocer el diagnóstico de la enfermedad que le aquejaba estuvo una semana en Alsasua, donde había una clínica especializada en trastornos neurológicos. Fue muy duro dejarla allí, porque ella se daba cuenta de la gente que estaba a su alrededor y tanto a mi hermana como a mí nos costó muchísimo el hacerlo.

Cuando salió de allí el diagnóstico era claro, tenía una demencia frontal progresiva. Mi padre no podía con ella. Tenía que estar en el comercio y cuidarla por lo que decidimos enviarla durante el día a un Centro de día. Estuvo en el Centro de día escasos 6 meses. Murió el 4 de Octubre a los 63 años, de un infarto de miocardio.

Los 3 años que estuvo con nosotros con esta dolencia fueron verdaderamente duros para todos. En mi caso, con un niño pequeño al que atender y muchas veces los sábados normalmente, para que mi padre descansara, la cuidaba yo y realmente me lo pasaba fatal, puesto que la situación me superaba.

Cuando murió fue un descanso muy grande, aunque al ser tan inesperado fue un gran shock. Mi padre se portó como un valiente. Ayudado por mi hermano y su novia, se deshizo de todo lo que había en el comercio y lo cerró y él vivió otros 15 años más. 

El accidente familiar 42-60 años

El 24 de Octubre de 2004 con 89 años  murió Pastora, la madre de Juan Mari, con ella conviví durante 25 años, desde que me casé en 1979 hasta que ella falleció.

Los últimos 4 años fueron de mucho sufrimiento para ella, pues se quedó casi sin vista y no quiso luchar, no quiso salir más a la calle y su vida era estar sentada en un sillón todo el día.

Para una persona tan activa como era mi suegra, fue muy duro y también, en otra medida para mí.

Cuando Julen tenía 6 años, Iosu 17 y Markel 16, era el año 1998, fuimos de vacaciones a Portugal y allí tuvimos un accidente que nos marcó a todos.

Fué un accidente muy grave que afortunadamente no tuvo las consecuencias que pudiera haber tenido. La mediana de la carretera entró dentro del coche y lo cruzó desde delante hacia atrás.

Jubilación jubilosa 60-64 años

A los 60 años decidí jubilarme. La empresa, IKERLAN tenía un Plan de Incentivación para la jubilación anticipada al que me sumé. Mi marido también se había jubilado hacía poco tiempo. Era el Agosto del año 2015 y lo celebramos, ese mismo Agosto viajando al Oeste de los Estados Unidos donde estaba estudiando Markel y le visitamos, realizando con él parte del viaje. Fue una maravillosa forma de empezar la jubilación. 

Teníamos la esperanza de que ese año 2015 ó el 2016 la Casa de Bergara se echaría, pues ya estábamos en conversaciones con un contratista que estaba interesado en el inmueble con todos los inquilinos.

La casa a día de hoy, Enero 2020 sigue en pie, pero nosotros como pareja, Juan Mari y yo, hemos realizado muchísimos cambios que han hecho que nuestra vida sea muy muy distinta y muchísimo mejor para ambos.

La primera decisión fue la de venir a vivir a Donosti, después de decidir hacer una obra interna en la casa muy importante y ponerla a gusto de los dos. En Mayo del 2017, después de casi 1 año de obras, vinimos a vivir a Donosti los dos. Después de 38 años viviendo juntos, era la primera vez que íbamos a vivir solos. Para mí era muy muy importante vivir esta experiencia.

Escuchando a mi cuerpo 64-66 años

Mi cuerpo físico como protagonista por primera vez

Estos años han sido un gran aprendizaje para mí, sobre todo el año 2020/2021.

En Septiembre 2020 tuve un síncope vaso vagal que me dejó fuera de servicio durante 3 meses.

Después de esos 3 meses tuve un diagnóstico de polimialgia de origen reumático del que me estoy recuperando, afortunadamente muy bien.

Todo este despropósito a nivel físico ha sido muy interesante y enriquecedor a nivel energético y espiritual.

El período más fuerte y me refiero a dolores más intensos a nivel físico, fue al mismo tiempo el más potente al nivel de despertar espiritual.

Gracias a la ayuda de Anam, mi terapeuta, que puso luz en la noche oscura de mi alma. 

Las meditaciones que Andrea me propuso junto con una alimentación cetogénica, adecuada para aquel momento de inflamación de mis articulaciones me ayudaron muchísimo.

La medicación que desde la Clínica Universitaria de Navarra me propuso el reumatólogo, ayudó mucho a mitigar los dolores.

En este momento, quiero aplaudirme a mí misma también por haber decidido integrar, la medicación, la meditación y la alimentación para así conseguir tener la salud integral que yo deseo tener.

Mi cuerpo emocional

Mi cuerpo emocional también quedó muy afectado tras este episodio.

Me sentía muy vulnerable y las lágrimas las tenía, siempre a flor de piel.

Aunque en el fondo de mi corazón sentía que este proceso estaba fortaleciendo también mi cuerpo mental y espiritual.

Realmente no fui consciente de ello hasta pasado un tiempo.