Viaje de Novios Agosto 1979
El día 30 de julio, amaneció con llovizna, el típico xirimiri.
¡Qué faena! Pensé yo, acordándome de las fotos, de mi vestido, de los invitados, pufffffff
Qué nerviosssss y todavía tenía que recoger por la mañana algunos recados de última hora que sí o sí, tenía que hacerlos yo.
La mañana fue vertiginosa hasta la hora de comer y después el vértigo fue diferente.
Las fotos en casa, la maquilladora, vamos un stress…..
Y con todo este vaivén llegó ya la hora de salir de casa hacia Loyola,
la Basílica donde nos casábamos y seguía lloviznando
No era gran caso, pero fastidiaba bastante.
Realmente no nos casamos en la Basílica, como estaba previsto, sino en una pequeña capilla, porque en la Basílica estaban de obras.
A mí me gustó más esta idea, porque el lugar era más pequeño y acogedor.
Y puesto que no todo el mundo tenía interés en estar en la ceremonia, estupendamente, porque así la capilla estaba llena y los que querían quedarse en el bar, fenomenal también.
Después de la ceremonia llegó el consabido arroz, que por cierto me dio casi en todo el ojo, por la intensidad con la que mis amigos lo echaban, jajaja, menos mal que todo quedó en un susto, porque llegó la hora de las fotos.
¡Sorpresa!, cuando salimos y vi que había dejado de llover,
me puse muy contenta
Algo que el fotógrafo aprovechó muy bien, pues nos tuvo un rato bastante largo, sacando todas las fotos de rigor.
A mí se me hizo un poco pesado, pero Juan Mari, no entendía nada, pero si ya nos has sacado la misma foto antes, a punto estuvo de cabrearse con el fotógrafo.
Cuando ya nos acercamos al restaurante, nos dimos cuenta de que el fotógrafo se había pasado de tiempo, pues la gente estaba deseando ya de comer y beber.
La cena estuvo genial, el ambiente era inmejorable, pues había mucha gente joven, mis primos que eran unos 20, para muchos de ellos era la primera vez que iban a una boda y estaban más que contentos. Yo soy de las primas mayores y todavía hoy me recuerdan lo bien que lo pasaron en mi boda.
El vals con el que se abrió el baile, lo hicimos Juan Mari y yo
y duró escasos segundos,
pues a él no le apetecía nada bailar y delante de todos, menos
Pero a mí no me preocupó lo más mínimo, pues yo si quería bailar y así lo hice durante toda la noche, con unos, con otros, la verdad es que me lo pasé pipa.
Al día siguiente tenía agujetas en cada parte de mi cuerpo, por los nervios, por el baile…
Esa misma noche fue el comienzo de un Viaje alrededor del mundo durante aproximadamente un mes que para mí estuvo lleno de novedades, de sorpresas, pues yo era una cría de 22 años que apenas había salido de su entorno.
Cómo hasta el día 3 de Agosto no comenzaba realmente el viaje, Tuvimos 3 días en Barcelona para conocer la ciudad y descansar antes de un viaje apasionante y a la vez trepidente.
Yo no conocía Barcelona y me gustó muchísimo la ciudad, por el contraste de paisaje de mar y montaña, la variedad de espectáculos que ofrecía, la cantidad de gente diferente, se oían en las ramblas, por ejemplo, conversaciones en francés, inglés, alemán, todo el mundo parecía tener cabida allí.
La vida nocturna también era muy activa y había muchísima gente
en terrazas, disfrutando del buen tiempo
y de los espectáculos que se ofrecían en plena calle
Singapur
Y el día 3 de agosto, por cierto, es el día de mi cumple, cogimos nuestro primer vuelo hasta Singapur, creo que fueron 10 horas aproximadamente, con alguna escala para repostar, pero dentro del avión.
Cuando aterrizamos en Singapur, la primera bocanada de aire que respiré casi me echa para atrás.
El calor era muy húmedo y costaba respirar, estábamos en el mes de Agosto.
Nos llevaron hasta el hotel para descansar y asearnos, pues habíamos pasado muchas horas en el avión y yo estaba agotada.
Era la 1ª vez que volaba durante tantas horas, y mi estómago estaba resentido.
La limpieza en sus calles era impresionante, todavía en nuestra tierra, se tiraban los papeles y las colillas al suelo.
Luego nos enteramos de que multaban si te pillaban tirando algo al suelo.
La temperatura por la noche era mucho más agradable y había muchísimas terrazas llenas de gente, con un ambiente genial del que disfrutamos durante nuestra estancia en esta ciudad.
- Me llamó la atención el entierro chino que vimos. Era un viaje organizado y nos llevaron a verlo.
- Era una fiesta como se hacía antaño en nuestros caseríos pero con mayor colorido. Nosotros lo vimos durante un largo rato por la tarde, pero duraba 2 ó 3 días.
- Tenían también sitios para comer al aire libre y la temperatura era estupenda
- La comida que me llamó la atención, fue el pescado crudo. Lo probé pero no me agradó en absoluto.
Bali
El lugar era paradisíaco,
y lo fenomenal era que había poquísima gente
El hotel en el que nos hospedamos era maravilloso. Cada habitación era una cabaña, muy rústica por fuera pero con todos los detalles dentro.
Donde perdí todos los papeles fue en la visita que hicimos al “Monkey Forest” un lugar lleno de monos, más de 350 monos, aparecían por todas partes y se te ponían en la cabeza, te tiraban del bolso. Yo no me lo pasé muy bien. Me pareció bastante estresante.
Nueva Zelanda
De nuevo otro vuelo largo. Ahora que lo estoy recordando, los vuelos eran muy largos, y yo me fui acostumbrando a estar tantas horas en los aviones y mi estómago también.
Al principio no me movía del asiento, en mi primer vuelo, casi ni abría los ojos ni comía.
Para cuando llegamos a Auckland, mi actitud ya era otra. No voy a decir que me paseaba tranquilamente por el avión, pero por lo menos comía y era capaz de hablar durante el trayecto.
Y al llegar nos pasó algo que nos llamó muchísimo la atención.
Después de haber hecho muchos vuelos, hasta llegar a New Zealand. En ningún sitio nos había ocurrido esto.
¡Estando nosotros dentro, fumigaron el avión,
como si llevásemos la peste, o algo así!
Nos quedamos super sorprendidos, porque era la primera vez, además ellos llevaban la mascarilla y todo el protocolo de seguridad, que por desgracia, tan conocido se nos hace ahora.
Y no solo eso, cuando llegamos al aeropuerto, tardamos casi 2 horas hasta que nos miraron con todo detalle lo que cada uno llevábamos en nuestra maleta.
¡Impresionante!! No nos había pasado esto en ningún otro lugar.
Después de esta experiencia tan extraña en el aeropuerto, el recuerdo que yo guardo de New Zealand es estupendo, era para mí como estar en casa, pero a lo grande.
Pastos verdes, una cantidad enorme de campos y de montañas.
Puff, a mí me pareció como estar en el cielo,
era un sitio maravilloso.
Polinesia Francesa
Tahiti
Ya han pasado 43 años desde aquel viaje y todavía recuerdo la exuberancia de la isla.
El paisaje era maravilloso, así como en Auckland me apasionó la extensión de sus verdes prados, aquí en Tahiti lo que me deslumbró fue la belleza y la variedad de su flora, el colorido tan intenso de sus flores, una naturaleza…
Contrastando con esa gran belleza natural, lo que vi en la calle era gente muy pobre, mendigando.
Desde fuera se veía mucha diferencia social.
Nosotros y tantos otros en hoteles de lujo y los autóctonos pidiendo en las calles.
En el hotel en el que nos hospedamos nos dijeron que los tahitianos no tenían demasiado interés en trabajar, mientras tuvieran un cocotero que les alimentara.
Cuando tenían un poco de dinero entre manos, dejaban su lugar de trabajo y si te he visto no me acuerdo.
Bora Bora
Visitamos también Bora-Bora que es la joya de la Polinesia Francesa. Es la isla que está más preparada para el turismo, con exhibiciones de bailes típicos tahitianos, con sus aguas cristalinas y su naturaleza espectacular.
Isla de Pascua
Tenía mucha ilusión por visitar la Isla de Pascua y ver de cerca las maravillosas esculturas Maoris, pero no pudo ser, porque el avión en el que realizábamos la ruta Tahiti- Santiago de Chile, tuvo un problema muy serio, vamos que uno de los motores se quemó.
Tenía mucha ilusión por visitar la Isla de Pascua y ver de cerca las maravillosas esculturas Moáii, pero no pudo ser, porque el avión en el que realizábamos la ruta Tahiti- Santiago de Chile, tuvo un problema muy serio, vamos que uno de los motores se quemó.
El piloto decidió volver a Tahiti por la seguridad de todos, y una vez en Tahití, en el aeropuerto, el paisaje era aterrador, ambulancia, coches de bomberos, todos esperando a nuestro avión.
Yo, que hacía la mayoría de los viajes de avión, dormida, justo me desperté para ver este espectáculo en el aeropuerto.
No me había enterado de nada y eso que estaba sentada cerca de la puerta de emergencia y muy cerca del motor que se quemó. Vamos, que no me enteré de nada.
Al volver a Tahití, tuvimos que estar de nuevo, otros 3 días hasta que repararan el avión, tiempo que perdimos para las visitas que nos esperaban en América.
No nos vino mal el relax, pues el viaje era muy ajustado en el tiempo, por las distancias tan largas que teníamos entre los distintos países y llevábamos más de 10 días super intensos.
Santiago de Chile
En Santiago comenzaba la última parte de nuestro viaje.
Al haber estado 3 días más en Tahiti, por la avería del avión. Esto nos supuso el acortar 3 días nuestra estancia en América.
De Santiago, lo único que recuerdo son sus calles principales llenas de mendigos, pidiendo limosna.
Buenos Aires
De Santiago de Chile fuimos a Buenos Aires.
Buenos Aires me pareció una ciudad fantástica, muy bonita, con mucha luz, muy agradable.
El pasear por las típicas calles, donde las casas tenían cada una un color, era muy distinto y placentero. Era invierno allí, pero había mucha luz.
Recuerdo que me compré un traje de ante, precioso. Me dejé asesorar por una pareja del Grupo en el que viajábamos, que me dijo que la calidad y el precio de aquella prenda, era de verdad un chollo, comparando con los precios de aquí.
Fuimos a un restaurante muy grande en el que se veían cantidades enormes de carne congelada, que la tenían a la vista, de reclamo.
Era una gran novedad para mí, pues nunca la había visto de esa manera y en esas cantidades. Luego la comimos y realmente estaba deliciosa.
El espectáculo de tango al que fuimos estaba también muy bien y disfrutamos mucho.
Río de Janeiro
Río de Janeiro era el último lugar que visitábamos antes de volver a Madrid.
Aquí estuvimos poco más de un día, y por la noche nos recomendaron no salir, por el riesgo que suponía.
Fue el único lugar donde recibimos esta advertencia.
De Río recuerdo solamente el hotel en el que estuvimos por su situación, estábamos en frente de la playa.