Para hablar de mi Nueva Vida, tengo antes que hablar de cómo era mi vida antes.
El área de las relaciones, aparentemente, era casi perfecta
Yo era una persona muy sociable, muy cariñosa, muy amiga de sus amigos.
Esa aparente perfección que se veía desde el exterior, distaba mucho de ser la realidad que yo vivía. Ya me ocupaba yo de que nada de lo que ocurría en mi interior saliese, excepto con algunas amistades.
Mis relaciones, sobre todo la relación conmigo misma, como me di cuenta, más adelante, era caótica.
Aunque sabía que algo no funcionaba bien dentro de mí. La vida seguía y mi relación con mis amigos/as, con mis hijos, con mi marido .
El detonante que me hizo reaccionar y plantearme seriamente el Cambio, fue cuando mi madre con 60 años cayó enferma de Alzheimer.
Mi madre no encontró mejor modo de liberarse de su angustia vital.
Entonces vi claramente que no quería esa manera de liberarme para mí.
¿Por qué digo esto? Porque yo había heredado de mi madre, el victimismo, la desvalorización, el ser correctísima, muy cariñosa, muy amable sin ser consciente de que esa manera de vivir, no era la que yo deseaba para mí.
Yo no confiaba en mí, no me valoraba, no sentía ningún respeto hacia mis opiniones.
Yo no consideraba que mis decisiones fueran las adecuadas, aunque no era realmente consciente de ello, hasta hace no mucho tiempo.
Desde aquí, quiero darte un “Eskerrik asko ama” por tu ejemplo, que me ha ayudado tanto.
Y Aquí empieza realmente el Camino hacia la Vida que yo deseaba para mí. Y comencé transformando la relación que tenía conmigo misma.
El respeto hacia mí misma
¿Qué supone eso para mí? Decir lo que pienso, hacer lo que realmente deseo y expresar lo que siento.
A lo largo de toda mi vida, he dejado que otros opinaran por mí, decidieran por mí, y ¿por qué lo he hecho así?, porque aunque siempre he pensado que mi niñez tenía la culpa.
Realmente encontraba beneficios en ello. Y me explico:
El dejar que otros decidieran por mí.
Hacía que yo siempre estuviese a salvo, protegida de ese primer golpe, para que no lo recibiera yo y lo recibieran otros por mí.
Ahora me pongo en la 1ª fila si hace falta, responsabilizándome así de lo que pienso,
siento, digo y hago. Realmente me siento muy feliz.
Como ejemplo muy claro tengo el caso de empezar a trabajar a los 18 años.
Yo no lo tenía nada claro entonces, pero me dejé llevar por las circunstancias.
No tuve que salir a buscar trabajo, porque me vinieron a buscar y eso hizo que una vez más otros decidieran por mí, en algo tan importante como mi educación, lo que yo quería hacer con mi vida.
Otro ejemplo importante fue cuando al casarme con mi marido, me mudé a la casa de sus padres, con su madre.
A pesar de la experiencia tan negativa que había tenido al vivir con mi abuela, volví a repetir, lo que hizo mi padre, casarse e ir a vivir a casa de los padres de su mujer.
Al no atreverme a crear mi propio espacio, nuevamente me dejé llevar por lo que otros decidieron por mí.
La confianza en mis decisiones
A lo largo de toda mi vida he sido la persona que menos ha confiado en sí misma. Cuando otros apostaban por mí, yo era la primera que me echaba para atrás porque no confiaba en poder lograrlo.
También tengo que añadir que cuando veía algo claro, luchaba por ello.
Como por ejemplo:
- Cambios de trabajo, lo hice 4 veces.
- Decisión de hacer el Curso de Acceso a la Universidad, con 2 niños pequeños.
Desde hace más de 30 años he sabido claramente que no quería actuar como lo hacía, quería transformarme, quería cambiar y buscaba, buscaba…
Antes me dejaba llevar pero, si ahora veo algo muy claro, voy para adelante, sin importarme lo que opinen de mi decisión.
Mi confianza en que los demás tomaban mejores decisiones era tan grande que ni siquiera las cuestionaba.
Ellos lo habían decidido y estaba bien.
Ahora, sin embargo, no acepto las decisiones de otros con la ligereza que lo hacía antes.
Ahora pregunto más, investigo más, me informo mejor y argumento mis decisiones. Eso me da confianza en mí.
Atreverme a ser yo misma
Para mí ha sido muy importante atreverme a ser yo misma.
Porque antes siempre tenía la sensación, que para mí era muy real, de que yo no podía, no sabía, no tenía… en definitiva que no podía ser yo misma,
No puedo imaginarme como he sobrevivido con esta manera de actuar.
Siempre he sentido admiración por esas personas valientes, que se atreven a enfrentarse, que luchan por lo que desean, que se atreven a encarar su realidad, que no se esconden.
Que se sienten valiosas por lo que son.
Ahora mi actitud ante la Vida es muy distinta. Confío en la Vida y me atrevo a VIVIRLA
Ahora soy capaz de viajar con otras personas, sin tener que hacerlo con mi marido exclusivamente. Y lo hago con naturalidad.
El agradecimiento a la vida
Antes estaba casi siempre en víctima, en el quejismo. Esta manera de ver la vida, me hacía caer en la desvalorización continua.
Ahora mi VIDA es muy diferente, he transformado mi “Sufrimiento” en “Disfrute”
Agradezco a la VIDA todo lo que me ofrece cada mañana y cada noche.
En esos momentos, donde antes caía en la desvalorización y el victimismo, ahora pongo distancia para que esta situación no lo ocupe TODO, en mi día a día.
Puede haber una parte de mí que esté ahí en el victimismo, pero tengo otra parte, muy importante, que está muy agradecida y que VIVE desde el Corazón.
Y así continúo transformándome…
La relación con mi marido
Llevo viviendo con mi marido, 43 años y desde hace 5 años que estamos viviendo en Donosti, solos por 1ª vez.
Eso ha hecho que nuestra relación haya cambiado por completo. Eso y nuestro Desarrollo Personal.
Mi marido Juan Mari decidió, gracias a la intervención de AnaM y gracias también a mi Transformación, comenzar su Desarrollo Personal de la mano de AnaM..
Esto ha supuesto un antes y un después en nuestra vida de pareja
Por 1ª vez pude decirle lo que durante tantos años no me había querido escuchar.
Le expresé cómo he vivido su falta de apoyo.
Cuando se lo dije él se quedó muy sorprendido de todo lo que escuchó. No tenía ni idea de lo que me ocurría.
No entendía que, teniendo un nivel económico en el que no me faltaba nada material, pudiese ser infeliz.
Esta primera conversación, gracias a la guía de AnaM, fue la apertura a otras conversaciones, a expresar nuestros sentimientos, y por 1ª vez desde el corazón.
Ahora nuestra VIDA en pareja es eso, una vida en COMUNIÓN. Me siento muy FELIZ
Pero la vida siempre encuentra motivos para ponerte a prueba y ha sido este año 2022, otro año interesante, también en ese aspecto, en nuestra relación.
El 11 de octubre le operaron a Juan Mari de la cadera derecha para ponerle una prótesis. Y ha sido una experiencia muy interesante para cada uno de nosotros, pues ambos, cada uno en su estilo, hemos caído, nos hemos dejado arrastrar por nuestro ego insano.
En mi caso, cayendo en esa dependencia excesiva.
Actuando antes de que me lo pidiera, pensando que era lo correcto.
Juan Mari encerrándose en su mente racional, como si estuviera solo en el mundo.
¡Un desastre!
Hasta que con la ayuda de AnaM, volvimos a resituarnos. Hablé con Juan Mari desde el corazón, de manera asertiva, diciéndole cómo de mal me encontraba.
Cuando, en realidad, lo que me apetecía era cantarle las cuarenta.
El hecho de hablarle, de contarle lo que me pasaba, me ayudó a tranquilizarme.
El poner unos letreros con lo que yo deseaba sentir y hacer en los lugares que yo más frecuentaba dentro de la casa, fue un puntazo, aunque en principio, me costó hacerlo.
Cuando hablé con él, también se dio cuenta de que su manera de reaccionar tampoco había sido la mejor.
Aquí se puede ver el recorrido que ambos tenemos en nuestro Desarrollo Personal
Nuestra relación como padres
Mis hijos han supuesto uno de los pilares más importantes en mi Vida y a ellos les he dedicado muchas horas y mucho esfuerzo.
A pesar de las horas y el esfuerzo, no siempre he obtenido los resultados que yo esperaba. Porque estaba más centrada en mí, que en sus deseos.
Los utilizaba como escudo.
En una reunión con la psicóloga del Colegio de mi hijo Iosu, cuando el tenía 7 años, ella me preguntó por su padre. Y yo, muy orgullosa, le contesté: «Yo soy el padre y la madre».
Así actuaba yo con mis hijos, eran algo mío. Mi marido no se enteraba de casi nada.
Solamente cuando la situación ya era muy grave, se lo comentaba a él.
Hoy en día la situación ha cambiado totalmente con respecto a nuestros hijos. Son ya personas mayores y utilizo la Comunicación eficaz para dirigirme a ellos.
Una de las pocas veces que se involucró Juan Mari con Markel, fue cuando, después de haber finalizado sus estudios, dijo que no quería dedicarse a lo que había estudiado.
Juan Mari decidió darle más oportunidades. Estuvo un mes en Londres para sacarse el título de Inglés.
Yo me mantuve en un 2º plano, porque conociendo la trayectoria de Markel, sabía que aquello tendría vuelta, quiero decir que Juan Mari tiraría la toalla y así fue.
Cuando volvió de Londres, seguía diciendo que no quería dedicarse a dar clases, había estudiado Magisterio Musical. En ese momento volví a tomar las riendas.
Juan Mari, cuando coge un tema, se dedica a ello al 100% y así lo ha hecho con su vida profesional. De ahí el vacío en la relación con sus hijos y conmigo.
Entonces, en el momento en el que dejó su vida laboral, tenía un montón de tiempo disponible y tuvo que llenarlo ¿con qué? Pues atendiendo, ¿en este caso a quién? a nuestro hijo Iosu, en concreto a su carrera profesional que no terminaba de despegar.
Lo que no supo hacer cuando Iosu era niño, lo estaba intentando recuperar ahora.
Ahora, después de su jubilación y gracias también a abrir su mente a otras maneras de pensar y sentir, está viendo la importancia de dedicarles tiempo a sus hijos.
La relación con mi hijo Iosu ha tenido sus altibajos
Era una madre primeriza y el un niño muy sensible.
Cuando nació su hermano Markel, Iosu apenas tenía un añito y ya era el mayor, lo que a veces resultaba complicado.
A medida que crecían, Markel se volvía un poco protestón mientras que Iosu era más tranquilo.
Como resultado, a veces Markel acaparaba más atención y Iosu se quedaba en un segundo lugar.
Recuerdo que cuando Iosu tenía 6 años, me contó que su hermano menor le pegaba. En ese momento, no le creí porque no podía imaginarme a su hermanito haciendo algo así.
Pero ahora me doy cuenta de que debí haberle prestado más atención y haberle apoyado.
Más adelante, cuando Iosu tenía 12 años, comenzó una etapa rebelde típica de la adolescencia. Yo estaba muy ocupada criando a mi tercer hijo y no pude ayudarle como necesitaba.
En su adolescencia, Iosu pasó por una etapa rebelde que, como madre ocupada, no supe manejar de la mejor manera.
Desde que sufrimos un accidente de coche, cuando él tenía 17 años, nuestra relación fue cada vez más distante.
El vivió en Madrid unos años mientras estudiaba y nos distanciamos mucho.
Aunque vivimos separados geográficamente y a veces no hablamos tanto como me gustaría, siempre intento hacerle saber que le apoyo y confío en él.
Y a pesar de cualquier diferencia que tengamos, sé que siempre está en mi corazón.
Mi hijo Markel, con quien he tenido más enfrentamientos a lo largo de nuestra vida en común, es ahora mi mejor aliado.
Ha sido uno de mis maestros, pues siempre, desde muy jovencito, me ha insistido en que me ocupase de mí, cuando yo vivía por y para mis hijos.
Entonces no lo entendía, pero al pasar los años me he dado cuenta de que tenía mucha razón y que había mucha sabiduría en sus palabras.
Como vive con nosotros en Donosti, es el hijo con el que tengo más relación.
Algunas veces me preocupo demasiado de su aspecto físico.
Me sorprende que vaya con pantalones rotos y se lo digo. Su respuesta es, ya me ocuparé yo de comprar lo que me haga falta.
Pero, sin embargo, me llamó la atención el que se comprase unas botas de marca que valían un pastón y se quedó tan pichi.
Siempre me ha transmitido píldoras de sabiduría.
Mi hijo Julen, la relación con él siempre ha sido más sencilla y ahora también lo es.
Mi relación con mi hijo Julen siempre ha sido más sencilla y actualmente lo es aún más.
Él nos llama todas las semanas para saber cómo estamos Juanmari y yo, y también nos comparte sus proyectos y cómo le va en su vida.
El nacimiento de Julen fue un renacimiento para mí.
Sentí que estaba más viva, más joven y con una nueva oportunidad de ser madre.
A mis 37 años, ya tenía las cosas más claras que cuando tuve a mis primeros dos hijos.
Estaba más consciente y pude escucharlo y atenderlo de una manera que no había podido hacer antes.
Creo que durante el resto de su tiempo con nosotros, hasta los 24 años, estuvo tratando de demostrarle a su padre que no era un blandengue.
Estoy muy contenta con la relación que tengo con él.
Podemos hablar desde la libertad y la confianza, y no hay nada pendiente por mi parte. Nuestra relación es sana y me alegra verlo feliz con lo que hace.
Es un gran deportista, una gran persona con muchos amigos a los que cuida y acompaña. Además, es muy independiente y creativo
Siempre fue muy sensible, pero mi marido me decía que lo mimaba demasiado y que lo estaba malcriando.
Un ejemplo de esto fue cuando Julen tenía episodios de asma esporádicos cuando era pequeño hasta los 15-16 años. Recuerdo que fuimos de vacaciones a Cataluña en el Parque Nacional de Aigüestortes en los Pirineos catalanes, con la intención de hacer algunas caminatas. Pero pronto Julen empezó a tener problemas de asma y no podía subir a la montaña, por lo que uno de nosotros tenía que quedarse con él.
Juanmari pensaba que Julen estaba fingiendo para no subir, sin darse cuenta de que realmente no podía hacerlo.
De nuevo, Juanmari me decía que era porque lo mimaba demasiado y que era un blandengue.
Cuando estoy con mis hijos, me encanta escucharlos y compartir con ellos, pero también siento que es importante tener conversaciones profundas y significativas como seres humanos, no solo como madre.
Espero encontrar el momento adecuado para tener esas conversaciones individuales con cada uno de ellos.
Confío plenamente en que harán lo mejor que puedan en sus vidas y eso me da mucha tranquilidad.
Entiendo que mis hijos son únicos y diferentes entre sí, y los amo y respeto por quienes son, no por lo que yo quisiera que fueran.
Sentir esta aceptación me libera para enfocarme en mis propios asuntos, lo cual es esencial para mi crecimiento personal y para vivir en armonía con mis valores y propósito de vida.
Me desafío a mí misma, a ser auténtica y a vivir en coherencia con mis creencias y acciones.